En el fragor de la temporada alta, la vitrina es un campo de batalla. Cada vez que se abre la tapa o el cliente se demora frente al mostrador, el aire caliente ingresa, rompiendo el delicado equilibrio térmico del helado.
Este fenómeno, conocido como choque térmico, es el responsable de que un helado que salió perfecto de la fabricadora termine con una textura arenosa o cristalizada en pocas horas cuando no se usan los productos correctos.
Para el profesional, entender la ciencia detrás de la recristalización no es opcional; es la diferencia entre un producto artesanal premium y uno mediocre.
El helado es un sistema coloidal complejo donde el agua, el aire y la grasa coexisten en equilibrio. Cuando la temperatura sube levemente, los cristales de hielo más pequeños se derriten.
El problema ocurre cuando la temperatura vuelve a bajar: esa agua derretida no vuelve a formar cristales pequeños, sino que se deposita sobre los cristales existentes, haciéndolos crecer.
Este proceso de recristalización es irreversible. Una vez que los cristales superan las 40-50 micrones, la lengua humana empieza a percibirlos, y la sensación de cremosidad desaparece para dar lugar a una textura tosca.
Para combatir este enemigo invisible, el heladero debe recurrir a estabilizantes helado artesanal de alta performance. Aquí es donde los hidrocoloides (gomas y extractos vegetales) actúan como un escudo.
Su función principal es aumentar la viscosidad de la fase no congelada del mix y "atrapar" las moléculas de agua libre. Al limitar la movilidad del agua, los hidrocoloides dificultan que los cristales se fusionen entre sí durante los ciclos de subida y bajada de temperatura.
No basta con usar un estabilizante; hay que usar el adecuado para el sistema de frío de tu heladería. Si utilizas una vitrina de exhibición abierta, tu helado sufre mucho más que en un sistema de pozo.
En Laboratorios Basso, formulamos soluciones como el SE-800 o nuestras bases con CMC, como la UF810 y la UF811, que combinan estos hidrocoloides en proporciones precisas. El objetivo es que la red de estabilizantes sea lo suficientemente elástica para absorber el impacto del choque térmico sin alterar el sabor limpio de tus materias primas.
Blindar la estructura de tu helado es proteger tu reputación. Usar tecnología en estabilizantes no es química, es ingeniería del cuerpo y textura aplicada para que tu firma artesanal llegue intacta al paladar del cliente.
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